Recomendacion: ver parte II
Era una tarde nublada de un viernes. Ella lucía un abrigo negro que casi tocaba el suelo. Él un jean azul y una casaca negra. Ella pensó que tal vez ése era el atuendo para sus sueños. Él dejo su cuerpo al lado del deseo y ella sonrió. Caminaron alrededor del parque, quizá le dieron ocho o nueve vueltas, luego ella se invitó al departamento de él. A él le daba un poco de vergüenza llevarla a su hogar, tal vez por el desorden, tal vez porque era una vivienda demasiado modesta, pero al final de cuentas recordó que estaba en sus sueños y su departamento fue decorado con el mejor gusto tan sólo en un abrir y cerrar de sueños. Entraron, él destapó uno de sus mejores vinos, escogió las más elegantes copas, prendió unas velas alrededor de infinitas rosas y cuando se dio cuenta que caía en el lugar común apagó las velas y dejó que la oscuridad hiciera su trabajo. No hablaron mucho. Ella le dijo que ya no sabía quién era el dueño de aquel sueño, si él era el invitado o viceversa, pero, lo que sabía muy bien era lo que él deseaba. Él preguntó cuál era su deseo. Ella contestó que El quería hacerle el amor hasta que la caja de alprazolam se agotara, él se sorprendió pero le informó que estaba en lo cierto, que quería besar cada uno de sus poros, quería beber la felicidad de sus labios, quería pintar un lienzo con las gotas de su sudor, quería amarla, como nunca había amado a alguien y cuando él trataba de hacer más larga la lista de sus deseos Ella lo interrumpió y le dijo que estaba bien, que si esos eran sus deseos los haría realidad, pero antes, El tenía que saber algo: Ella estaba llena de veneno, así era en sus sueños y quién sabe si así era en la realidad. Su interior era veneno puro, veneno encendido, veneno enardecido. Ella amenazó que cada beso le quitaría fuerza, cada abrazó le desgarraría el alma, cada vez que fuera mas feliz y lo disfrutara una parte de El iria muriendo. Al escuchar aquello el hombre dejó de beber el vino para servirse cuerpo, agua, arena, y sol de Ella. La tomó en sus brazos, recorrió con sus labios cada uno de sus rincones, acarició su cuerpo como si fuera una lámpara mágica a la cual le pediría que ese momento fuera eterno. La desvistió, la gozó, trepó en sus colinas, escaló cada una de sus montañas, navegó por toda su sangre, y se embriagó con cada gota de veneno. Y, en efecto, El cada vez se sentía mucho más débil. Ella debatía entre aniquilarlo y entregarse a un sentimiento nunca antes encontrado, se sentía deseada, poseída, buscada, materializada, encontrada, extasiada. La noche terminó. El veneno había hecho efecto y una muerte se concebía.
A la mañana siguiente, el cuerpo de el fue encontrado junto a una caja de alprazolam, la autopsia no entendía muy bien si fue una sobredosis o una muerte por asfixia. Del otro lado de la ciudad, Ella despertó con un cansancio de siglos, con vestigios de vino tinto en la boca y la sensación de que no volvería a ser molestada en alguno de sus sueños durante mucho tiempo, aunque los muertos suelen visitarnos en las pesadillas y hoy tengo pensado visitarla.
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