¿Cómo darnos cuenta cuando las cosas empiezan a salirse de control?
Todo empezó mientras soñaba. Dormía con la ventana abierta, me dio un poco de frío, el aire hacía bailar los bellos de mi cuerpo, era una noche común. Entré poco a poco a los caminos del inconsciente. Andaba a pie, entraba a una estación del tren, tenía en mis manos un folleto de un mueso en el centro histórico, algo de los dadaístas. Tras unos instantes apareció el tren, caminé, las puertas del vagón estaban abiertas, pero una muralla de gente quería entrar mientras otra pretendía abandonarlo. Luché, avanzaba mientras empujaba, pensé que no tendría problemas hasta que a cinco centímetros de mi cara se apareció la nariz más hermosa que hubiera podido imaginar, no puedo decir por qué mi vista se detuvo en su nariz, sólo puedo decir que ése fue el primer ingrediente del hechizo que ha caído sobre mí. No pude contentarme hasta mirar el rostro que me había asombrado. Su rostro era delgado, tenía algunas pecas alrededor de las mejillas, unos labios que liberaban el deseo, unos ojos enormes, un cabello lacio, oscuro. Tal vez no sea muy precisa la descripción que he dado, y es lógico, sólo la contemplé por cinco o seis segundos. En mi sueño traté de reingresar al vagón pero me fue imposible. Esa mañana, al levantarme corrí a dibujar el rostro que había soñado, no lo logré, cada que intentaba tomar el lápiz mi mano me pesaba, mi mente se nublaba, además había que ir a trabajar, cumplir con la rutina cotidiana, tomar un baño, hacer el desayuno y el taxi, no porque alcance el dinero, sí por la falta de tiempo. En el trabajo el mundo no existía, mis manos tecleaban mecánicamente, capturaba una y otra vez, me ofrecían un café, lo bebía, y regresaba a la enajenante tarea de programar, programar, programar. La jornada finalizó, tras diez horas de trabajo regresé a casa en micro, urgía regresar al sueño, entré a mi cuarto, apagué las luces, me desnudé, y caí sobre la cama, cerré los ojos, nada, mi cuerpo aún tenía energías, Sali a caminar, fumar un cigarro, regresé, un baño de agua caliente, mi cuerpo abrazaba el colchón: nada, no tenía mucho tiempo para buscarla. Un té, sí. Corro a la cocina lo preparo, agua en el micro ondas (para ahorrar tiempo) una bolsita de té, lo bebo lentamente, enciendo la tele: noticias, payasos haciendo reír, elecciones, nada bueno, pero bostezo. Corro a la cama, entro en la fresadas, trato de no pensar, el cansancio cae sobre mí.
Despierto, son las seis de la mañana, no pude soñar›
Regreso del trabajo, voy directo al dormitorio, dejo caer mi ropa, prendo mi laptop, pongo un poco de Jazz, prendo un incienso, cojo el vaso de agua que está sobre mi mesa de noche desde ayer, abro la caja de alprazolam que le robe a mi mama, dos pastillas caen a mi mano, y luego mi cuerpo entra a las sabanas. Esta vez camino en un parque, debo hallarla, no sé dónde estoy, se supone que en los sueños uno sabe dónde se encuentra y hace lo que le plazca, pero estoy perdido, camino hacia cualquier dirección, me encuentro con dos caminos, en uno el piso es piedras mientras que en el otro la calle está pavimentada. Escojo el camino de piedras porque lo considero con mayor probabilidad de un encuentro amoroso, el camino me saca a una Iglesia, ya me ubiqué, es el centro de lima, es la catedral de lima. Entro. La gente sale de misa, la busco entre las cabezas, no la veo, observo el lugar, quizás está comulgando o se confiesa, pero no tengo éxito. Camino hacia Abancay. Tomo un taxi a la plaza san martin, la recorro, incluso entro a barios bares y a uno que otro café. Ya es de noche, el tiempo en los sueños pasa volando. De repente la veo, creo verla, va de espaldas, con una amiga, entran a un bar. Estoy a fuera del lugar, la veo bailar, toma un martini, tiene buen gusto, debo entrar antes de que alguien la intente seducir. Debería estar acompañado, sin embargo, recuerdo que es mi sueño, traeré a Isaias, es un gran amigo de la secundaria, Isaias viene caminando, está bastante arreglado, trae una casaca, un pantalón muy elegante. Me miro, no me puedo quedar atrás. Rápidamente me cambio de ropa, un jean azul, una casaca negra y un polo gris. No necesito más. Entramos al bar, pedimos unos tragos, vamos por las chicas. ¡Que el sueño se acabe! No es ella, es igual de hermosa, pero no tiene la nariz, ni las pecas, le falta mucho para ser ella. Tanto me costó encontrarla como para desperdiciar mi sueño con alguien que no es. Salimos. Discuto con Isaias, él ya estaba en planes con su amiga. Le digo que se quede que no me importa. Pero al salir del bar, tras buscarla una vez más, despierto.
Son las diez de la mañana, no me baño, me visto y salgo rumbo al trabajo. Tengo que reponer mis horas perdidas. Salgo un rato después, paso a comer algo, una ensalada, una hamburguesa, una porción de papas, le digo al mesero que café no, me podría quitar el sueño y pido una limonada. Regreso a casa. Duermo, antes un alprazolam. Ahora estoy en una tienda de ropa, ¿qué hago aquí? Hay mucha gente, parece ser que hay ofertas, las chicas se pelean por la ropa marcada con cierta etiqueta. Mujeres jaloneando la misma blusas, niñas empujándose por ver primero algún jean, etc. Ella está en la cola para pagar. Me acerco. Me paro a su lado y antes de que pudiera saber su nombre las mujeres que hacían larga cola empiezan a gritar: "a la fila", "que se forme", "sáquenlo" y un vendedor me invita a abandonar la fila, me rehúso, la mujer de mis sueños me mira de una forma extraña, pero lo único que quiero es estar junto a ella. El vendedor llama a la policía, y me votan. Espero en la banca que está frente a la tienda, es un centro comercial, miro mi billetera, está llena(se nota que es un sueño), no me hará daño comer un helado mientras la espero. Regreso con el helado y contemplo, no sale, pasa una hora, ¿por qué tarda tanto? Mi tiempo está contado. El efecto del alprazolam se va. Las luces del centro comercial empiezan a deslumbrar, la luz entra violentamente a mis ojos, son las cortinas de mi cuarto que no cerré y dejan pasar los primeros rayos del sol, ella está ahí, en la tienda, no puedo correr, me cuesta mucho trabajo hallarla, estiro la mano, tomo otro alprazolam, y regreso al centro comercial. Mi helado ha desaparecido, pero ella sale por la puerta de la tienda. Camina, sin compañía, la sigo, ella voltea y agiliza el paso, entra a un café. Se sienta. Ordena. Le traen un capuchino. Me acerco, le pregunto si me puedo sentar, ella niega con la cabeza, le pido un momento, llama al mesero, le pide que me voten, le digo que soy cliente, me asigna una mesa muy lejos. Salgo, ¿Porqué no puedo mandar en mis sueños?, Me escondo, la veo salir, abandona el centro comercial, aborda un taxi, hago lo mismo, le pido al taxista que siga el otro taxi, me cuestiona, le digo que es mi esposa y creo que me es infiel, el taxista me apoya, me da consejos, me ofrece esperar y por el doble de lo que me pensaba cobrar, le saca la mierda al acompañamente de mi esposa. Le digo que no es necesario, ella baja en la esquina de primavera y la encalada, camina hasta el parque que está detrás de unas cabinas de intermet, se sienta. Me acerco, dice que está armada que no me le acerque, le digo que voy en son de paz, que la admiro y que por ella mi vida ha cambiado y ya no sé hace cuantos sueños sueño que la sueño, le digo que la quiero conocer, me sonríe, nos conocemos, pero despierto. ¡No puede ser! Tomo otro alprazolam. Regreso al parque, me pregunta que a dónde andaba, le digo que fui por un ramo de flores, ella las admira, las huele, se refleja en ellas, sonríe y me besa. Ya sabe que la deseo, ya sabe que la sueño, y me dice que necesita despertar pero que la busque mañana en ése mismo lugar. Y Despierto....
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