El no tenía problemas en la vida. Su existencia era monótona, pero armoniosa. En realidad no era desagradable, ni mucho menos feo, inclusive, si se esforzaba podía parecer listo; sin embargo, sucedía que era, tristemente común y corriente, o por lo menos eso pensaba cuando estaba triste.
Francisco -conocido y perseguido desde pequeño por el sobrenombre de "Panchito"-, trabajaba como conserje en una secundaria, empleo que heredó de su tío el pirata (Daniel), junto con sus últimos bienes materiales y espirituales: una casa llena de periódicos y sus dos habitantes, Penelope, una gata gorda bastante floja, y Camilo, un perico que se pasaba haciéndole la vida pesada al pobre de Panchito.
Su trabajo no generaba complicaciones. Los alumnos obedecían sus órdenes más por lastima que por respetar su don de mando; y había logrado mantenerse soltero hasta los 35 años por una sencilla causa: nadie le prestaba ni le merecía la más mínima atención.
Así las cosas, un hecho al parecer sin importancia cambió el curso de su vida. El maestro Ernesto pidió un permiso de tres meses, y su lugar lo ocupó una enigmática e irresistible mujer: la maestra Elizabeth. Y el pobre Panchito quedó perdidamente enamorado de ella desde el momento en que el director la presentó ante todo el personal. Invadió sus pensamientos y sus sentidos, y le despertó una vocación jamás antes explorada: la escritura.
Las noches se repetían en el mismo escenario: una débil luz, como la de una cueva, su inspiración poética, Penelope durmiendo y el perico jodiendo:
-Panchito imbécil. Pachito imbécil. Prrrr... -a pesar de que el zapato pasaba peligrosamente cerca, Camilo se regocijaba molestando a quien le daba de comer.
Muchas ocasiones, el enamorado muchacho le hizo llegar sus poemas a la angelical Elizabeth, ya sea por medio de alumnos, ya sea escondiéndolas en su casillero. Y nada, no sucedía nada.
Pero al paso del tiempo, la desesperación nubló su razón. Se sabía rechazado e ignorado, y el aguijón de la indiferencia lo orilló a tomar un camino insospechado. Y sin esperar un día más, después del trabajo enfiló sus pasos hasta el Mercado de Pulgas, para encontrarse con la temible bruja apodada "La bruja Mariana".
Y Penelope, mientras tanto, se limitaba a sonreír y ronronear ante tan estúpida y vana farsa. Después de varias horas, justo en la puesta de sol, ilusionado besó amorosamente un pequeño costalito de lana que contenía el placer prohibido y hasta ahora negado. A la mañana siguiente no tardo en ponerlo en las pertenencias de la bella Elizabeth justamente en la hora del descanso.
Los hechos se sucedieron con increíble eficacia. De miradas, pasaron al saludo cordial, una charla casual, un café...
-¡Funciona!
Y justamente un viernes, antes que regresara el maestro Ernesto de su permiso, la última cita tuvo que ser la definitiva.
Panchito, lentamente se puso de pie y dirigió sus pasos hacia la salida de la cafetería. Nada tenía sentido; perdió las ganas de vivir. Y con lágrimas en los ojos, abrió su casa y se sintió el ser mas desdichado del planeta al reconocerse solo, irremediablemente solo.
-Panchito pendejo. Panchito pendejo. Prrrrrr...
Contempló la escena y tomó las dos decisiones más importantes de su vida. La primera: abrió la jaula de Camilo, y como Penelope no había comido en los últimos días, la complacida gata cortó la insoportable vida del sucio animal en cuestión de instantes. La segunda: tomó tres juegos de ropa interior, ropa aparte de la que traía puesta, su cepillo de dientes y 650 soles que había ahorrado, y con la ilusión a flor de piel fue en la búsqueda del amor de su vida.
Colorín colorado.
Epílogo: los enamorados se fueron a vivir a Bogota, Colombia. El muchacho se dedicó a la trata de blancas con bastante éxito, y a últimas fechas inauguró un burdel de mediana categoría donde, Elizabeth, alias Jossy, es la estrella principal. Por cierto, en la actualidad nadie le dice Panchito al distinguido ciudadano Francisco V. , de lo contrario se sabe que puede perder la vida a mano de uno de los temibles guardaespaldas .
Pero no todo fue felicidad. Penelope falleció dos días después de haber devorado al maléfico Camilo, ya que nadie le dijo que el pico y las patas no se comen.
FIN.
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