Te buscaba en tu casa con el cuerpo frío como si estuviera muerto, apenas podías pronunciar ..luis tras la palabra perdóname. Te miraba sin que me causara dolor tu estado, llamaba por teléfono para pedir ayuda; no preguntaba lo que había sucedido, ni limpiaba tu cara con lagrimas. Me despedía, me marchaba sin cerrar la puerta.
Al caminar por la acera me desprendía del suelo y sentía como volaba. Llegaba al trabajo y hablaba de todo menos de ti. Comía en la calle para no volver temprano a casa. Entraba a un cine donde pasaba la tarde. En la Pantalla una mujer tocaba el piano, un hombre se acercaba a ella y la abrazaba mientras besaba su cuello, ella levantaba los hombros y recargaba la espalda sobre su pecho sin dejar de acariciar el teclado.
No reconocí la melodía, parecía Debussy, no sé, era una música suave. Frente al piano un ventanal abierto enmarcaba un jardín lleno de flores, atrás una montaña enrojecida por la luz del sol que se apagaba. Cesaba la música al mismo tiempo que desparecía del cielo el último rayo del día. Ella cubría con un enjambre de seda el piano, él corría las cortinas y destapaba una botella de vino, acercaba una mesita al sofá y extendía su mano para sentarla a su lado. Ella servía el vino en dos copas, bebía un poco y lo besaba para compartir el primer trago; él continuaba el beso por todo su cuerpo y, en silencio, la amaba apasionadamente.
De pronto, la cámara acercaba los rostros y yo descubría en esa mujer tu cara. No recuerdo ni el principio ni el final de la película, tampoco cómo volvía a la casa ni a qué hora. Me despertó el acostumbrado rechinido de la puerta cuando intentas entrar, de madrugada, sin que me de cuenta.
Hay sueños que dan la impresión de algo vivido, hay otros que revelan deseos inhibidos. Hay sueños que permiten ver a los seres que se han ido. Hay sueños que espantan, que dan miedo.Hay gente que asegura que un sueño es premonitorio, tal vez.Yo sólo tuve un sueño, muy claro, que quisiera contarte.
Cuando escucho mi guitarra siento que todo es mejor, y que todo se me aclara,todo a mi alrededor,es como escuchar distinto, es como escuchar mi voz.
Cuando mis dedos se mueven en su fino diapasón, de las notas de sus cuerdas hay una conversación; mi guitarra y yo tenemos una extraña relación.
No me gusta darle efecto, ni modificar su voz, su sonido así es perfecto, y así es como la quiero yo, como esta sonando ahora, no hace falta distorsión.
Recuerdo aquella noche, cuando ella apareció, desde entonces me acompaña, donde quiera que yo voy; mi guitarra y yo tenemos, algo común entre los dos.
Pensé en cambiarla por otra, de calidad superior, yo nunca te dejaría, porque hay algo entre los dos, no es sólo una melodía, es una conversación.
Mi guitarra y yo tenemos, algo común entre los dos.
Salía de la oficina sin tener a dónde ir y el cine se convirtió en la única opción. Era temprano y la boleteria estaba vacía. Compré el boleto y decidí caminar un rato alrededor del cine. Había llovido por la mañana y el verde de los árboles tenía un brillo especial. Me detuve a comer un pan con hot-dog en un carrito. Ahí estaba la linda mujer gorda decidida a consumir buena parte de la mercancía del vendedor. Tenía bonitos ojos, cabello castaño, la boca pequeña y el rostro de una muñeca, lo que hacía más sorprendente su velocidad para hacer desaparecer, sin dejar rastro, los perros calientes de el carrito.
Ella también iba sola, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo. Pagué, la miré con simpatía y me alejé para contemplar sus anchas y apetecibles formas; todo unido al maravilloso espectáculo de comer los hot-dogs. Su atractivo se hizo superior a mi discreción. Empecé a temer sucumbir ante su abundancia de carnes. Sus enormes pechos se mantenían firmes, atentando contra las leyes de la fisica. Las inmensas nalgas configuraban un mundo por conquistar. Los muslos se adherían a la falda que llevaba sin ningún pudor.
Estaba cautivado. Una mezcla de asombro y calentura invadió mi ser. Recordé el profético comentario de un taxista, quien por poco atropella a una turista muy bien dotada: "Así me gustan. Allí, se puede agarrar de todo, no crees". En aquel momento sus palabras me parecieron vulgares, pero hoy todo tiene sentido y tengo motivos para hacerlas mías.
Perdió todo sentido entrar a ver la película. Estaba decidido a abordarla pero no sabía cómo. No me refiero a las dificultades físicas, en eso todavía no pensaba, sino en la manera de llegar a ella. Pensé en acercarme nuevamente al carrito, pedir otro refresco y esperar al menor indicio de coquetería para atreverme a hablarle. Mis pretenciones fueron rotas por una repentina discusión.
La ocurrencia desarmó al enemigo e hizo aumentar mis posibilidades para abordarla. El señor del carrito no queria aceptar el billete de la esplendida robusta y estaba furioso asi que lo tomé por los hombros para intimidarlo, lo amenaze sobre el comportamiento hacia una mujer. Luego saqué un billete de 10 soles y esperé con cierto temor a recibir mi vuelto.
La mujer me esperó para agradecer el favor y pedirme que aceptara su dinero. La situación se hizo propicia y la invité al cine. Después de algunos comentario sobre lo ocurrido entramos a la sala: ella ruborizada, yo decidido a no dejarla escapar.
Habiamos comprado canchita, coca-colas y una bolsa de chocolates, Lo necesario para resistir buena parte de la pelicula. De inmediato tomé partido para conversarle, al mismo tiempo, mi acompañante comia los chocolates.
Frente a la pantalla estudiaba la estrategia para tener el primer contacto con sus muslos. La película transcurria a buen ritmo, ya he logrado tener contacto con sus labios , ella se acerco mucho mas para besarnos, oportunidad que aprovecho para meter la mano entre las piernas de mi compañera. No hay resistencia y las puntas de mis dedos recorren sus muslos siguiendo una secuencia de ligeros movimientos circulares, hasta llegar a tocar con suavidad el el centro del su universo. Ella busca mis labios y nos sumergimos en un beso.
Atrás quedaron la guerra y la conquista. Salimos tomados de la mano, seguros de que esta noche la soledad no podrá compartir la cama con nosotros. Sólo una cosa me preocupa: ¿cómo desvestir a una mujer así?
En el trayecto a su casa encontré la respuesta: desnudar a una mujer gorda es como pelar una naranja.
En 40 minutos de concierto, Hendrix utilizó su Stratocaster en un modo hasta ese momento jamás visto, llegando a hacer mímica de actos sexuales, hacerla sonar con los dientes, por detrás de la espalda, contra el soporte del micrófono y hasta contra su amplificador causando un acople ensordecedor. Al término de la exhibición, para remarcar su furiosa necesidad de extraer nuevos sonidos al instrumento, le dio fuego con gas líquido para encendedores y la destruyó contra el palco y amplificadores en un éxtasis de feedbacks alucinantes.
Los restos de la guitarra que Hendrix destruyó aquella noche fueron recuperados y actualmente están expuestos en el Experience Music Project di Seattle.
Era una tarde nublada de un viernes. Ella lucía un abrigo negro que casi tocaba el suelo. Él un jean azul y una casaca negra. Ella pensó que tal vez ése era el atuendo para sus sueños. Él dejo su cuerpo al lado del deseo y ella sonrió. Caminaron alrededor del parque, quizá le dieron ocho o nueve vueltas, luego ella se invitó al departamento de él. A él le daba un poco de vergüenza llevarla a su hogar, tal vez por el desorden, tal vez porque era una vivienda demasiado modesta, pero al final de cuentas recordó que estaba en sus sueños y su departamento fue decorado con el mejor gusto tan sólo en un abrir y cerrar de sueños. Entraron, él destapó uno de sus mejores vinos, escogió las más elegantes copas, prendió unas velas alrededor de infinitas rosas y cuando se dio cuenta que caía en el lugar común apagó las velas y dejó que la oscuridad hiciera su trabajo. No hablaron mucho. Ella le dijo que ya no sabía quién era el dueño de aquel sueño, si él era el invitado o viceversa, pero, lo que sabía muy bien era lo que él deseaba. Él preguntó cuál era su deseo. Ella contestó que El quería hacerle el amor hasta que la caja de alprazolam se agotara, él se sorprendió pero le informó que estaba en lo cierto, que quería besar cada uno de sus poros, quería beber la felicidad de sus labios, quería pintar un lienzo con las gotas de su sudor, quería amarla, como nunca había amado a alguien y cuando él trataba de hacer más larga la lista de sus deseos Ella lo interrumpió y le dijo que estaba bien, que si esos eran sus deseos los haría realidad, pero antes, El tenía que saber algo: Ella estaba llena de veneno, así era en sus sueños y quién sabe si así era en la realidad. Su interior era veneno puro, veneno encendido, veneno enardecido. Ella amenazó que cada beso le quitaría fuerza, cada abrazó le desgarraría el alma, cada vez que fuera mas feliz y lo disfrutara una parte de El iria muriendo. Al escuchar aquello el hombre dejó de beber el vino para servirse cuerpo, agua, arena, y sol de Ella. La tomó en sus brazos, recorrió con sus labios cada uno de sus rincones, acarició su cuerpo como si fuera una lámpara mágica a la cual le pediría que ese momento fuera eterno. La desvistió, la gozó, trepó en sus colinas, escaló cada una de sus montañas, navegó por toda su sangre, y se embriagó con cada gota de veneno. Y, en efecto, El cada vez se sentía mucho más débil. Ella debatía entre aniquilarlo y entregarse a un sentimiento nunca antes encontrado, se sentía deseada, poseída, buscada, materializada, encontrada, extasiada. La noche terminó. El veneno había hecho efecto y una muerte se concebía.
A la mañana siguiente, el cuerpo de el fue encontrado junto a una caja de alprazolam, la autopsia no entendía muy bien si fue una sobredosis o una muerte por asfixia. Del otro lado de la ciudad, Ella despertó con un cansancio de siglos, con vestigios de vino tinto en la boca y la sensación de que no volvería a ser molestada en alguno de sus sueños durante mucho tiempo, aunque los muertos suelen visitarnos en las pesadillas y hoy tengo pensado visitarla.
Recomendacion: leer la otra entrada del blog (Parte I)
...Hace algunos días que mis sueños no me llevan a ese lugar. Por más de que trato no los puedo controlar. El tiempo, los espacios, las personas. Todo es muy confuso. Todo empezó en un sueño. Recuerdo que caminaba con mucha prisa, tenía que atravesar la ciudad, así que utilicé el tren. Cuando estaba a punto de abordar, un rostro se plantó ante mí, me analizaba, estaba como perdido,trataba de pasar pero me lo impedía, al final, la gente que estaba detrás suyo lo empujó tanto que lo perdí de vista, también recuerdo que intentó reingresar al vagón, pero afortunadamente se fue. Al día siguiente soñé de lo más natural, el hombre que amo anónimamente me mando un mensaje al celular, vino a buscarme y hacerme el amor, lo gozamos hasta que desperté, aun con sudor en la piel, aun con sabor a sexo en la carne.
Fui a la universidad, presente los trabajos que tenia y regresé a casa, vi un largo maratón de cine con mi mejor amiga y dormí. Esta vez no soñé nada, aun estaba cansada de tanta irrealidad. Al día siguiente empezó la pesadilla, en mis sueños iba a bailar, con mi hermana y una amiga, yo estaba en el bar cuando ellas ingresaron, yo besaba al hombre platónico cuando vi al tipo que me había analizado, el tipo entró con un amigo, era mi sueño, él se estaba metiendo en mis territorios, analicé la situación, yo lo aborrezco, pero nuestros sueños se mezclan, él tiene el poder de encontrarme en sus sueños, así que yo puedo alejarlo de los míos. Decidí esconderme, y mientras él me buscaba yo me dejaba querer por una fantasía que por desgracia aun no encuentro en la realidad. El sujeto se fue.
Al día siguiente era completamente feliz, podía eliminar de mi sueño a la molestia esa. Al día siguiente, en la universidad las chicas sólo hablaban de las rebajas en una nueva tienda en miraflores, no tengo idea de cómo afectó eso a mis sentidos pero esa noche me soñé en la tienda, la ropa estaba muy linda y casi regalada, compré un par de vestidos, unas botas, un pantalón, dos sacos, tres carteras, cuatro tangas y un camisón, no suelo hacer eso en la realidad, pero al fin y al cabo era un sueño. Cuando estaba formada en la caja, el tipo nefasto se plantó junto a mí, yo llamé al policía y lo sacaron, luego me siguió hasta un lugar que no recuerdo y pedí que lo echarán del sitio, el tipo me empezaba a divertir.
Abordé un taxi, asumí que el individuo aquel me seguiria y en efecto abordó un auto que nos siguió, así que caminé a propósito hasta un parque que me agrada. Al final pensé que sería bueno dejarlo conocer un poco de mí antes de eliminarlo de mis sueños, dejé que estuviera a mi lado, contesté lo que él deseaba escuchar, y por un par de horas lo hice feliz, hasta lo besé. Lo cite para el sueño de hoy en el mismo parque.
¿Cómo darnos cuenta cuando las cosas empiezan a salirse de control?
Todo empezó mientras soñaba. Dormía con la ventana abierta, me dio un poco de frío, el aire hacía bailar los bellos de mi cuerpo, era una noche común. Entré poco a poco a los caminos del inconsciente. Andaba a pie, entraba a una estación del tren, tenía en mis manos un folleto de un mueso en el centro histórico, algo de los dadaístas. Tras unos instantes apareció el tren, caminé, las puertas del vagón estaban abiertas, pero una muralla de gente quería entrar mientras otra pretendía abandonarlo. Luché, avanzaba mientras empujaba, pensé que no tendría problemas hasta que a cinco centímetros de mi cara se apareció la nariz más hermosa que hubiera podido imaginar, no puedo decir por qué mi vista se detuvo en su nariz, sólo puedo decir que ése fue el primer ingrediente del hechizo que ha caído sobre mí. No pude contentarme hasta mirar el rostro que me había asombrado. Su rostro era delgado, tenía algunas pecas alrededor de las mejillas, unos labios que liberaban el deseo, unos ojos enormes, un cabello lacio, oscuro. Tal vez no sea muy precisa la descripción que he dado, y es lógico, sólo la contemplé por cinco o seis segundos. En mi sueño traté de reingresar al vagón pero me fue imposible. Esa mañana, al levantarme corrí a dibujar el rostro que había soñado, no lo logré, cada que intentaba tomar el lápiz mi mano me pesaba, mi mente se nublaba, además había que ir a trabajar, cumplir con la rutina cotidiana, tomar un baño, hacer el desayuno y el taxi, no porque alcance el dinero, sí por la falta de tiempo. En el trabajo el mundo no existía, mis manos tecleaban mecánicamente, capturaba una y otra vez, me ofrecían un café, lo bebía, y regresaba a la enajenante tarea de programar, programar, programar. La jornada finalizó, tras diez horas de trabajo regresé a casa en micro, urgía regresar al sueño, entré a mi cuarto, apagué las luces, me desnudé, y caí sobre la cama, cerré los ojos, nada, mi cuerpo aún tenía energías, Sali a caminar, fumar un cigarro, regresé, un baño de agua caliente, mi cuerpo abrazaba el colchón: nada, no tenía mucho tiempo para buscarla. Un té, sí. Corro a la cocina lo preparo, agua en el micro ondas (para ahorrar tiempo) una bolsita de té, lo bebo lentamente, enciendo la tele: noticias, payasos haciendo reír, elecciones, nada bueno, pero bostezo. Corro a la cama, entro en la fresadas, trato de no pensar, el cansancio cae sobre mí.
Despierto, son las seis de la mañana, no pude soñar›
Regreso del trabajo, voy directo al dormitorio, dejo caer mi ropa, prendo mi laptop, pongo un poco de Jazz, prendo un incienso, cojo el vaso de agua que está sobre mi mesa de noche desde ayer, abro la caja de alprazolam que le robe a mi mama, dos pastillas caen a mi mano, y luego mi cuerpo entra a las sabanas. Esta vez camino en un parque, debo hallarla, no sé dónde estoy, se supone que en los sueños uno sabe dónde se encuentra y hace lo que le plazca, pero estoy perdido, camino hacia cualquier dirección, me encuentro con dos caminos, en uno el piso es piedras mientras que en el otro la calle está pavimentada. Escojo el camino de piedras porque lo considero con mayor probabilidad de un encuentro amoroso, el camino me saca a una Iglesia, ya me ubiqué, es el centro de lima, es la catedral de lima. Entro. La gente sale de misa, la busco entre las cabezas, no la veo, observo el lugar, quizás está comulgando o se confiesa, pero no tengo éxito. Camino hacia Abancay. Tomo un taxi a la plaza san martin, la recorro, incluso entro a barios bares y a uno que otro café. Ya es de noche, el tiempo en los sueños pasa volando. De repente la veo, creo verla, va de espaldas, con una amiga, entran a un bar. Estoy a fuera del lugar, la veo bailar, toma un martini, tiene buen gusto, debo entrar antes de que alguien la intente seducir. Debería estar acompañado, sin embargo, recuerdo que es mi sueño, traeré a Isaias, es un gran amigo de la secundaria, Isaias viene caminando, está bastante arreglado, trae una casaca, un pantalón muy elegante. Me miro, no me puedo quedar atrás. Rápidamente me cambio de ropa, un jean azul, una casaca negra y un polo gris. No necesito más. Entramos al bar, pedimos unos tragos, vamos por las chicas. ¡Que el sueño se acabe! No es ella, es igual de hermosa, pero no tiene la nariz, ni las pecas, le falta mucho para ser ella. Tanto me costó encontrarla como para desperdiciar mi sueño con alguien que no es. Salimos. Discuto con Isaias, él ya estaba en planes con su amiga. Le digo que se quede que no me importa. Pero al salir del bar, tras buscarla una vez más, despierto.
Son las diez de la mañana, no me baño, me visto y salgo rumbo al trabajo. Tengo que reponer mis horas perdidas. Salgo un rato después, paso a comer algo, una ensalada, una hamburguesa, una porción de papas, le digo al mesero que café no, me podría quitar el sueño y pido una limonada. Regreso a casa. Duermo, antes un alprazolam. Ahora estoy en una tienda de ropa, ¿qué hago aquí? Hay mucha gente, parece ser que hay ofertas, las chicas se pelean por la ropa marcada con cierta etiqueta. Mujeres jaloneando la misma blusas, niñas empujándose por ver primero algún jean, etc. Ella está en la cola para pagar. Me acerco. Me paro a su lado y antes de que pudiera saber su nombre las mujeres que hacían larga cola empiezan a gritar: "a la fila", "que se forme", "sáquenlo" y un vendedor me invita a abandonar la fila, me rehúso, la mujer de mis sueños me mira de una forma extraña, pero lo único que quiero es estar junto a ella. El vendedor llama a la policía, y me votan. Espero en la banca que está frente a la tienda, es un centro comercial, miro mi billetera, está llena(se nota que es un sueño), no me hará daño comer un helado mientras la espero. Regreso con el helado y contemplo, no sale, pasa una hora, ¿por qué tarda tanto? Mi tiempo está contado. El efecto del alprazolam se va. Las luces del centro comercial empiezan a deslumbrar, la luz entra violentamente a mis ojos, son las cortinas de mi cuarto que no cerré y dejan pasar los primeros rayos del sol, ella está ahí, en la tienda, no puedo correr, me cuesta mucho trabajo hallarla, estiro la mano, tomo otro alprazolam, y regreso al centro comercial. Mi helado ha desaparecido, pero ella sale por la puerta de la tienda. Camina, sin compañía, la sigo, ella voltea y agiliza el paso, entra a un café. Se sienta. Ordena. Le traen un capuchino. Me acerco, le pregunto si me puedo sentar, ella niega con la cabeza, le pido un momento, llama al mesero, le pide que me voten, le digo que soy cliente, me asigna una mesa muy lejos. Salgo, ¿Porqué no puedo mandar en mis sueños?, Me escondo, la veo salir, abandona el centro comercial, aborda un taxi, hago lo mismo, le pido al taxista que siga el otro taxi, me cuestiona, le digo que es mi esposa y creo que me es infiel, el taxista me apoya, me da consejos, me ofrece esperar y por el doble de lo que me pensaba cobrar, le saca la mierda al acompañamente de mi esposa. Le digo que no es necesario, ella baja en la esquina de primavera y la encalada, camina hasta el parque que está detrás de unas cabinas de intermet, se sienta. Me acerco, dice que está armada que no me le acerque, le digo que voy en son de paz, que la admiro y que por ella mi vida ha cambiado y ya no sé hace cuantos sueños sueño que la sueño, le digo que la quiero conocer, me sonríe, nos conocemos, pero despierto. ¡No puede ser! Tomo otro alprazolam. Regreso al parque, me pregunta que a dónde andaba, le digo que fui por un ramo de flores, ella las admira, las huele, se refleja en ellas, sonríe y me besa. Ya sabe que la deseo, ya sabe que la sueño, y me dice que necesita despertar pero que la busque mañana en ése mismo lugar. Y Despierto....
Cada diez días es el mismo sueño. No sé dónde sucede; creo que es un hotel de la sierra en un pueblo pequeño. Una mujer muy joven y muy hermosa, desnuda, sentada en una cama cubierta con una sábana roja, lee frente a mí, en una hoja de papel A-3(lo recuerdo muy bien), uno de mis poemas (no sé cuál). Tiene los ojos empañados y me dice: "Es precioso, Luis, es precioso..." Repite esta frase continuamente, con una pausa de algunos segundos, y sin decir ninguna otra cosa.
Yo no me canso de oírla ni de mirarla, pero pasados seis años tengo que admitir algo de lo que me di cuenta al poco tiempo: dos o tres centímetros por debajo de la rodilla, sus bellísimas y largas piernas se transforman en patas que terminan en pezuñas de un marrón oscuro casi negro.
Entonces tengo miedo y quiero salir de la habitación, pero la habitación no tiene puertas ni ventanas. Me doy vuelta para no mirarla; quiero estar en mi casa, con mi familia, escribiendo en la laptop que esta en mi escritorio; buscoun lapicero y un papel en mi bolsillo, pero cuando miro mi mano veo que no está, que el brazo termina en la articulación de la muñeca. La muchacha no ha parado de repetir la misma frase. La miro de nuevo y veo que sigue igual, pero su cabeza está invertida, y las lágrimas caen por la frente y por el largo cabello rubio que se derrama sobre los senos.
Me despierto físicamente enfermo, sudando y con deseos de no ver a nadie, ocupar mi tiempo en algo y estar solo y haya mucho quehacer, y me doy una ducha helada y pongo una canción de zep y me acuerdo de mi infancia, cuando rezaba.