En 40 minutos de concierto, Hendrix utilizó su Stratocaster en un modo hasta ese momento jamás visto, llegando a hacer mímica de actos sexuales, hacerla sonar con los dientes, por detrás de la espalda, contra el soporte del micrófono y hasta contra su amplificador causando un acople ensordecedor. Al término de la exhibición, para remarcar su furiosa necesidad de extraer nuevos sonidos al instrumento, le dio fuego con gas líquido para encendedores y la destruyó contra el palco y amplificadores en un éxtasis de feedbacks alucinantes.
Los restos de la guitarra que Hendrix destruyó aquella noche fueron recuperados y actualmente están expuestos en el Experience Music Project di Seattle.
Los restos de la guitarra que Hendrix destruyó aquella noche fueron recuperados y actualmente están expuestos en el Experience Music Project di Seattle.
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